Köln

domingo, 20 de marzo de 2011

¡Tere Tulemast! Ruta culinaria por Tallín

Bueno los viajes de Amsterdam y de Tallín pueden ser una "continuación" y es que, una vez llegamos a la resi todo fue una odisea. Teníamos que buscar información: sitios de marcha, el tiempo que iba a hacer, imprimir billetes, ducharnos, cenar ( y sí, sabemos que esas cosas hay que hacerlas con antelación, pero nos gusta la emoción, llamarnos "locas"). Bueno de todo eso hicimos la mitad. Con la ayuda de Eloy miramos horarios de trenes y salimos pitando a la HBF, un poco sin saber los trenes que teníamos que coger para llegar al aeropuerto de Weeze.
Tuvimos unos minutos agobiantes en los que pensamos que nos íbamos a quedar en tierra. Gracias a Jeloy conseguimos llegar a Dusseldorf y después de 2 horas en el McDonalds buscamos el bus que por 14€ nos iba a llevar al aeropuerto. Echamos una cabezadita y por fín llegamos. Dormimos al lado de la puerta de embarque y luego cogimos el vuelo que tardó un par de horitas.

Dia 1. Un frío que te pelas
Una hora menos que en Köln, nos encontrábamos en Tallín, Estonia. Empezamos a desafiar al Karma y es que cogimos un bus sin pagar. Nos dejó en el centro de la ciudad y no nos costó encontrar nuestro hotel: el G9. Parecía que nos habíamos metido en una película de la 2ª Guerra Mundial, la gente era muy seria, te miraban raro y encima donde nos hospedábamos; un tosco edificio, de fachada grisacea, sin ascensor y con unas habitaciones que recordaban a las de los campos de refugiados. Dejamos nuestras maletas en la recepción, ya que no podíamos todavía entrar así que nos fuimos a dar una vuelta por el casco antiguo. A parte de hacer un frío helador, de estar todo cubierto de nieve, nos dimos cuenta de la no simpatía de la gente, y es que nos encontramos a una chica con complejo de "puerta automática", que nos arrolló sin pensárselo un segundo.


La ciudad tenía un gran encanto, todo muy medieval, con callejuelas, una muralla que rodeaba parte del casco antiguo y donde señoras mayores tenían sus puestos de ropa hecha a mano con una pinta estupenda para combatir al frío. Llegamos a una plaza con unas esculturas de hielo enormes que representaban los animales del calendario chino. Allí nos aventuramos a preguntar a una señora en inglés y cogiendo el mapa nos empezó a señalar y a decir "Bateta, bateta", que entre risas dedujimos significaba "aquí". Comimos en un buffet llamado Lido, que nos recomendó la recepcionista de nuestro hotel. Nos dimos cuenta de que como la calefacción alemana no había nada, y es que aunque entrases a los sitios, el frío no se te iba del cuerpo.


De vuelta al hotel para echarnos la siesta del siglo, Leti inaguró la competición de caidas y besos al suelo como si fuéramos el mismísimo Papa. Después de dormir horas y levantarnos atontadas y con un desfase horario importante nos arreglamos y nos fuimos a cenar a Taco, un mexicano. Luego intentamos salir de fiesta pero descubrimos que la "marcha" no era el punto fuerte de Tallín. Paseamos y nos volvimos al hotel.


Día 2. ¡Tere Tallín!
Nos levantamos pronto para aprovechar bien el día. Fuimos a desayunar al casco antiguo a un sitio llamado Pepper Sack. Era completamente medieval y desayunamos como reinas. Tengo que decir que la Cinamon Pie que tomamos fue algo celestial, lo que no nos pareció tan maravilloso fue toparnos con una vieja loca que a nuestro parecer nos echó un mal de ojo, y que movía los ojos en circulos y con las manos hacía la forma de unas gafas que se ponía en la cara y nos chillaba algo que no entendíamos. Aguantando la risa por miedo a un nuevo "ataque" de la señora nos fuimos a Toolemas, el punto más alto de Tallín, donde había una Iglesia preciosa y dos miradores que te daban un vista espectacular de la ciudad blanquecina.





Bajamos y cenamos en Vapiano. Ya habíamos decidido que ese viaje iba a ser culinario y por ello no dejamos de comer en ningún momento. Al acabar seguimos paseando por la ciudad, con un dominio pasmoso del mapa. Fuimos al restaurante Olde Hamsa donde había una representación musical-medieval. Leti se enamoró del sitio, y es que ella debería haber nacido en esa época, tan entusiasmada estaba que le hizo un book al baño. Tomamos la cerveza típica de allí, y entre las luces bajas, las velas, la música, nos encontrábamos en un estado de trance. Nos invitaron a unos chupitos que fueron el detonante de una mini-borrachera muy graciosa. Cuando estábamos a punto de salir nos dieron a probar un chupito que se hacía allí; quemaba por dentro. Dicharacheras nos fuimos a la calle y nos encaminamos a otro sitio del mismo estilo, llamado Tristan e Isolda. De caminos nos encontramos a unos Erasmus de Cracovia. Eran un grupo enorme, pero les desanimamos un poco al decirles que no había demasiada fiesta (a parte de nosotras) en la ciudad medieval. Una vez dentro del "bar-restaurante" comimos algo muy curioso: empanadas de reno y y de cerdo, además de una de manzana riquísima, con las que Almudena nunca llegaba a saciarse. Jajaja.

Nos fuimos al G9, donde Almudeine nos deleitó con su espectacular caida. Su culo no ha vuelto a ser el mismo. Nos duchamos e hicimos un poco el idiota, empezamos a quedarnos sobadas en la misma cama así que decidimos que teníamos que dar por acabado el día.


Día 3. El mar Báltico
Nos despertamos prontito y fuimos a tener nuestro último gran desayuno. Dejamos todo listo para nada más ver lo que nos quedaba, volver y coger las maletas para poner rumbo al aeropuerto. La primera parada fue ver el Mar Báltico. Nos pasó que nos encontramos a las autoridades detrás de unos cines de unas dimensiones impresionantes. El frío allí era algo que se te metía en el cuerpo y no había forma de sacarlo.Me duele mucho decirlo, pero sí, llegó mi vergonzosa caida. Estuvimos en una tienda chulísima donde nos compramos una pulsera de recuerdo y luego volvimos a las malas costumbres: las HAMBURGUESAS. Comimos en lo que era la imitación del McDonalds=Hesburguer, y la verdad que al precio que estaba en Colonia hubiera triunfado. Después de coger las maletas volvimos a colarnos en el bus como el primer día. Al llegar a Köln nos fuimos a Cent Club donde lo pasamos genial y ya si que sí empecé a exprimir mis últimos días en Köln.


Último desayuno
Moneda medieval

Siempre guardaré esa moneda que nos dieron a cambio de unos chupitos, pero que hoy por hoy significa mucho más.
Con vosotras siempre es bonito regresar y encontrar las puertas abiertas

2 comentarios:

  1. ¿Sabes que tenemos un "Vapiano" en Deutzer Freiheit? :D
    ¡Qué bien os lo pasáis, joías! ^_^

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  2. Sii!! Hay mogollón de Vapianos por toda Alemania!! Cuando vuelva vamos ok?? =)

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